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Las personas que asumen libremente el llamamiento a la vida consagrada viven los así llamados consejos evangélicos por amor al Reino de los cielos. Los consejos evangélicos son la pobreza, la castidad y la obediencia. Se les llama consejos evangélicos porque fueron predicados por Cristo en el evangelio y aparecen como una invitación para seguir más de cerca el camino que Él recorrió en su vida. Si bien todos los católicos estamos llamados a vivir estos tres consejos, la persona consagrada lo hace como una manera de vivir una consagración “más íntima” a Dios, motivada siempre por dar mayor gloria a Dios. La pobreza es el desprendimiento de todo lo material. La castidad es lograr que toda nuestra persona: inteligencia, voluntad, afectos y cuerpo estén dominados por nosotras mismas. Y por último, la obediencia, es el sometimiento de la voluntad propia a la voluntad de Dios, a través de los superiores legítimos, representantes de Cristo.

Esta es la gran Basílica de María Auxiliadora que D. Bosco construyó según las instrucciones de la Virgen que allí se le apareció.   En ella están los restos mortales de San Bosco, Santa María Mazarrello, fundadora de las Hijas de María Auxiliadora y S. Domingo Savio, discípulo de S. Juan Bosco que murió a la edad de 15 años.

 

También está el cuadro original de María Auxiliadorapintura de Lorenzoni, pintor Italiano, que lo hizo según indicaciones de D. Bosco

 

 

La cripta contiene innumerables reliquias de santos de todas las épocas, presididas por unos pedacitos de la Verdadera Cruz del Señor. También está marcado el lugar de la aparición de la Virgen. 

 

La historia empezó una noche de 1824. En una casa campesina del Piamonte, a unos 50 km de Turín, un niño de 9 años sueña, y sueña grandes cosas. Se ve a sí mismo rodeado de chicos abandonados, que se pelean entre ellos. Una misteriosa señora le dice que tiene que dedicar su vida a estar entre esos chicos, y que ella le ayudará. 

 

 

Años más tarde, ese chico, que se llama Juan Bosco, es ordenado sacerdote. Vive marcado por aquel sueño. Recorre las calles de la ciudad industrial de Turín, que entre otras cosas tiene montones de chicos que andan perdidos por esas mismas calles. Muchos acaban en la cárcel. Don Bosco se hace su amigo, los cuida, los recoge...

 

Don Bosco echa mano de toda la ayuda que puede. Ahora ya sabe quién era aquella señora del sueño, la Virgen María. Al principio no habla de María Auxiliadora. Prefiere hablar de Nuestra Señora de la Consolata, que era patrona de Turín. Después, hacia 1850, la llamará Inmaculada. Al final, da con el nombre de su Virgen. Se llamará Auxiliadora, porque sus jóvenes necesitan toda la ayuda del mundo... y del Cielo . En 1856, cuando muere Mamá Margarita, que era la madre de Don Bosco, él se dirige con estas palabras a María Auxiliadora: "Ni yo ni mis jóvenes tenemos ya madre en esta tierra. ¿Quieres ser tú nuestra madre?"

 

 

Y parece que Ella aceptó la invitación. 30 años después, cuando ya es un viejecillo sin fuerzas, Don Bosco preside la Eucaristía en el Santuario de María Auxiliadora, presidido por una imagen de la Virgen. Se echa a llorar varias veces y los que están a su lado le oyen decir: "Ella lo ha hecho todo, ella lo ha hecho todo..." Desde entonces, el nombre de María Auxiliadora y el de Don Bosco van unidos. Por eso celebramos cada año su fiesta.